Observa el dibujo durante todo el tiempo que puedas antes de leer el blog. Deja que fluya lo que sea que venga a tu cabeza y que la atención vaya donde quiera.
Estoy en la terraza de casa con las piernas estiradas encima de la mesa baja. No hace ni frío ni calor, es lo bueno de la primavera. Son las 18:30. En el cielo hay nubes palomita sobre un fondo blanquecino. N. repara y juega con una minibici que ha recogido en la calle.
Esto no es un plátano, porque es la representación de un plátano a través de una acuarela, pero en realidad es mucho más que eso. Es un símbolo de amistad y superación, y el recuerdo un fin de semana increible en el que corrimos una carrera en Santa Pola. R que habitualmente corría distancias de 5km se atrevió con los 10k, y yo que corría 10km apunté a los 20km. En verano nos inscribimos y desde entonces empezamos un plan de entrenamiento que por circunstancias de la vida se relajó durante los ultimos meses. Aún así, nos atrevimos y no nos rendimos. Salimos de Madrid nevando. Llegamos en unas condiciones no óptimas físicamente, y nuestra preparación la noche previa y la mañana de la carrera, distó mucho de lo recomendado.
R acabó los 10 km, aunque no le dejaron atravesar la meta porque estaban preparando la salida de la media. Yo desde el principio, empecé muy despacio... y continué más despacio todavía. Iba en los últimos cuatro puestos toda la carrera junto con un francés que tiene un apartamento en la playa del Tamarit. Eso hizo que todo el mundo me animara, incluida una batucada que cada vez que me veía hacía una fiesta... empezaban a tocar flojito y despacio cuando me veían a lo lejos, e iban acelerando e incrementando la intensidad a medida que me acercaba acabando en una fiesta cuando pasaba entre ellos... yo bailaba con ellos porque tenía claro que se trataba de disfrutar el momento. Cuando llegué al puerto, después de unos 6 km , el primer corredor estaba entrando en meta, así que decidí correr macha atrás para ver su llegada. En la Avenida Santiago Bernabeu, me crucé con todos los corredores que ya habían llegado a la cadena y volvían... todos me saludaban y animaban, y yo... pues también. Corrí 20 km sonriendo, moviendo la cabeza de arriba abajo como los perros de los coches guiñando el ojo de vez en cuando, y con los pulgares de las manos hacia arriba estirando y encogiendo el brazo. Cuando llevaba 15 km... me entró un hambre mortal. Veía plasticos de geles en el suelo por todos lados. Nosotras fuimos sin ningún tipo de suplemento. Sólo pensaba en el platano que había olvidado comer mientras R corría, y que guardé en el bolsillo del abrigo. En el km 18, en Gran Playa, vi a lo lejos a R., con mi abrigo, y grité "R!!!! ¿Tienes el plátano!?!?!?!?!?", me respondió que sí y se puso a mi lado mientras lo deboraba. Con esa energía conseguí llegar a la meta. Sinceramente, no sé si habría llegado sin el plátano. Según el cronómetro de la meta tardé 2:59.
Tiempo después, decidí que quería dibujar un plátano y regalarselo a R. Así lo hice. Cogí un plátano del frutero de casa y lo dibujé, es el que aparece a la derecha en la imagen del inicio. Me gustó tanto, que quise uno para mí. Así que le di la vuelta al plátano, y dibujé la otra mitad. Es el que aparece a la izquierda en la imagen de arriba. Aunque son dos dibujos diferentes, estás profundamente conectados y representan el mismo plátano visto por diferentes ángulos. El platano se lo comió B al día siguiente.
Supongo que ahora entendéis por qué esto no no es un plátano ni tampoco es tan sólo un dibujo, es algo infinitamente más valioso para mí.
El dibujo está colgado en la cocina, me gusta verlo todos los días.
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